Edicion : A sábado, 18 de noviembre de 2017 Edicion Archivada

Opinión

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Por : Alejandra Salgado Romero 

Habilidades para la vida

Educando con Valores

“La educación en Habilidades para la Vida persigue mejorar la capacidad para vivir una vida más sana y feliz, intervenir sobre los determinantes de la salud y el bienestar, y participar de manera activa en la construcción de sociedades más justas, solidarias y equitativas” 
EDEX, Organización sin fines de lucro
En 1993 la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una Iniciativa Internacional, proponiendo incluir la enseñanza de Habilidades para la Vida en la educación formal, y desde ese año se ha convertido en un campo prometedor de investigación y práctica, con amplia difusión en el mundo. Junto con las destrezas cognitivas básicas necesarias para leer, escribir y hacer cálculos matemáticos, la educación en Habilidades para la Vida es un componente central de la calidad de la educación y del aprendizaje a lo largo de la vida, y por ello, existen diversas declaraciones internacionales relacionadas con la promoción de la salud y la política educativa, mismas que han confirmado su  importancia, animando a los países a comprometerse con este enfoque. Este enfoque realiza aportaciones en ámbitos como: promoción de la salud, inclusión social, promoción de la convivencia, fomento de la resiliencia, prevención de riesgos psicosociales, calidad de la educación, desarrollo humano, etc. Ahora bien, mediante diversas investigaciones, se ha demostrado que obtiene resultados positivos en áreas específicas como las siguientes: prevención de las drogodependencias, educación afectivo-sexual, prevención del VIH/SIDA, educación en competencias ciudadanas, igualdad de género, fomento del aprendizaje, desarrollo de la empleabilidad, etc. 
Las habilidades para la vida deben ser percibidas como modelos a seguir por los o las adolescentes, maestros(as), madres, padres de familia y toda aquella persona inmersa en la formación de las nuevas generaciones, e incluyen destrezas que permiten que las y los adolescentes ejerciten sus capacidades para lograr un desarrollo saludable y poder enfrentar los retos de la vida diaria. Diversos resultados de la evaluación de programas muestran que el desarrollo de habilidades para la vida puede retrasar el inicio del uso de drogas, controlar la ira, mejorar el desempeño académico y promover una convivencia social armónica. 
Una propuesta de clasificación, -misma que ha logrado un reconocimiento amplio, debido a que es bastante flexible y tiene aplicabilidad-, es la publicada por la OMS (Organización Mundial de la Salud), que comprende: 1) Autoconocimiento: conocerse es el soporte y el motor de la identidad y de la autonomía. Captar mejor nuestro ser, personalidad, fortalezas, debilidades, actitudes, valores, aficiones… construir sentidos acerca de nosotros (as) mismos (as), de las demás personas y del mundo que compartimos; 2) Empatía: Es una capacidad innata de las personas que permite tender puentes hacia universos distintos al propio, para imaginar y sentir cómo es el mundo desde la perspectiva de la otra persona, “ponerse en la piel” de la otra persona para comprenderla mejor y responder de forma solidaria, de acuerdo con las circunstancias; 3) Comunicación asertiva: La persona que se comunica asertivamente expresa con claridad lo que piensa, siente o necesita, teniendo en cuenta los derechos, sentimientos y valores de sus interlocutores, dando a conocer y hace valer sus opiniones, derechos, sentimientos y necesidades, respetando las de las demás personas; 4) Relaciones interpersonales: Establecer y conservar relaciones interpersonales significativas, así como ser capaz de terminar aquellas que bloqueen el crecimiento personal (relaciones tóxicas), incluyendo dos aspectos claves: aprender a iniciar, mantener o terminar una relación y aprender a relacionarse en forma positiva con las personas con quienes se interactúa a diario (en el trabajo, en la escuela, etc.); 5) Toma de decisiones: Decidir significa actuar proactivamente para hacer que las cosas sucedan, en vez de limitarse a dejar que ocurran como consecuencia del azar o de otros factores externos; 6) Manejo de problemas y conflictos: Bajo la premisa de que no es posible ni deseable evitar los conflictos, ya que gracias a ellos renovamos las oportunidades de cambiar y crecer; 7) Pensamiento creativo : Usar la razón y la “pasión” (emociones, sentimientos, intuiciones, fantasías, etc.) para ver la realidad desde perspectivas diferentes que permitan inventar, crear y emprender con originalidad, lo que hace referencia a la capacidad para idear algo nuevo, relacionar algo conocido de forma innovadora o apartarse de esquemas de pensamiento o conducta habituales (pensar “fuera de la caja”), permitiendo cuestionar hábitos, abandonar inercias y abordar la realidad de formas novedosas; 8) Pensamiento crítico: Que consiste en analizar experiencias e información y ser capaz de llegar a conclusiones propias sobre la realidad, lo que requiere la puesta en acción tanto de habilidades cognitivas (un proceso activo de pensamiento que permite llegar a conclusiones alternativas), como de competencias emocionales (relacionadas con las actitudes personales, ya que es necesario también querer pensar); 9) Manejo de emociones y sentimientos: Esta habilidad propone aprender a navegar en el mundo de las emociones y sentimientos, logrando mayor sintonía con el propio mundo afectivo y el de las demás personas; y, 10) Manejo de tensiones y estrés: Las tensiones son inevitables en la vida de todas las personas, por lo que el reto que representan no consiste en evadir las tensiones, sino en aprender a afrontarlas de manera constructiva, sin instalarse en un estado crónico de estrés, identificando las fuentes de tensión y estrés en la vida cotidiana, reconociendo sus distintas manifestaciones y encontrando vías para eliminarlas o contrarrestarlas de manera saludable.
Por último, es necesario tener claro que, de acuerdo a lo aportado por diversos (as) especialistas,  todo programa efectivo de capacitación en habilidades para la vida procuran un contexto de aprendizaje “natural”; es decir, las condiciones en las que se enseñen las habilidades para la vida deben de ser semejantes a las condiciones normales en los que se suceden. Por ello, la enseñanza de las habilidades para la vida es eminentemente práctica, por lo que de muy poco servirá tratar de transmitir teóricamente este invaluable enfoque.
Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alexaig1701@live.com.mx. 

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