Edicion : a martes, 21 de noviembre de 2017 Edicion Archivada

Opinión


Por : Edelmiro Castro Sedano 

Presidentes al banquillo

Las noticias que nos llegan del sur del continente son halagadoras y  a la vez decepcionantes.
Supimos del caso de la ex presidenta de Argentina, en el que las autoridades judiciales le están fincando responsabilidades y por ello ha sido citada en varias ocasiones ante los tribunales a fin de que responda a las acusaciones de corrupción. Está al borde de la cárcel.
De igual manera en Perú ya desde hace tiempo está en prisión Alberto Fujimori, ex presidente que fue condenado por sus actos corruptos durante su mandato de diez años;  el ex presidente Alejandro Toledo, actualmente en Estados Unidos,  también el poder Judicial de su país lo reclama para que enfrente las acusaciones de corrupción por  haber recibido dinero ilícito  de la compañía Odebrecht. Para variar, el ex presidente Ollanta Humala y su esposa están implicados en actos de corrupción por recibir dinero ilícito de la misma compañía brasileña Odebrecht  y a ambos les  condenó el juez de la causa 18 meses de prisión preventiva en esta semana que hoy termina.
En su momento rescatamos el hecho de que en Guatemala el presidente al igual que la vicepresidenta se encuentra en prisión por el mismo delito de corrupción; similar destino tuvo el presidente de Panamá.
En Brasil, después de que la presidenta Dilma Roussef fuera  destituida por el Congreso, no por corrupción, sino por el manejo  maquillado del presupuesto, el sucesor  Michel Temer,  actual presidente de Brasil se encuentra en entredicho su honestidad y un juez está tramitando su destitución por el delito de corrupción.
Merece especial mención el caso de Luiz Inácio Lula da Silva, ícono de la Izquierda latinoamericana,  en un hecho sin precedentes en la historia de su país, fue condenado a 9 años  seis meses de cárcel y pasará a la historia como el primer  ex mandatario sentenciado por recibir sobornos en la forma de un departamento de lujo en el estado de Sao Paulo. Que por cierto no está a su nombre.
De origen humilde, vendía frutas en la calle, a los 15 años trabajó como tornero,  se afilió al sindicato metalúrgico y llegó a presidente del mismo; fundó el PT, partido de los trabajadores de Brasil, fue diputado y después de cuatro intentos logró ser el presidente por dos períodos, ocho años.
Los escándalos de corrupción en la empresa Petrobras lo alcanzaron y tiene  acusaciones que, según analistas,  ponen  a Lula en  zozobra ante su recién anunciado deseo de lanzar su candidatura a la presidencia.
Durante su mandato, con su programa  “Cero hambre”, logró sacar de la miseria a más de 28 millones de personas y convenció a propios y extraños del milagro brasileño.  La oligarquía brasileña no lo ve con buenos ojos.
Esperemos que los vientos del sur lleguen a nuestro país que está urgido de cambios. Allá por un departamento, un juicio  y aquí por una casa blanca  en las Lomas, nada.
Halagadoras porque al fin se vislumbra justicia y decepcionantes porque en México no pasa nada.

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