Edicion : a martes, 21 de noviembre de 2017 Edicion Archivada

Opinión

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Por : Netzahualcóyotl Zambrano Hernández 

“La manipulación de imágenes, números y pretendidas relaciones casuales, no aportan al proceso político y las políticas”.

Rueda

Desinterés total 
¡Les saludo con aprecio amigos, buen día!, las manifestaciones cotidianas de la política suelen estar denominadas por grandes declaraciones de intenciones, promesas generosas, mociones solemnes, titulares llamativos y comentarios contundentes, ¿de acuerdo están?, ¡comuníquese!... Para muchos ciudadanos estas expresiones de la política no sólo se alejan de la atención que merece la gestión de los problemas colectivos, sino que contribuye a presentar la política como un “mundo en el que predomina el instinto de supervivencia de los políticos”, ¡un mundo particular, paralelo al mundo de los ciudadanos!
La citada supervivencia de los políticos parece más ligada a factores personales, aleatorios y contextuales que a la actividad orientada a buscar solución a los problemas sociales. “Es una percepción que genera desconfianza hacia la política y los políticos”, para un ciudadano consciente puede ser frustrante no disponer de un balance ordenado sobre la acción gubernamental y verse limitado a condicionar su voto a un conjunto de imágenes superficiales e incompletas, si es así, habría que aceptar la idea de que en el mundo político la percepción lo es todo, de hecho, se afirma a menudo que la percepción es la realidad y que la lucha política podría resumirse en un intento de moldear dicha realidad sobre la base de la manipulación de tres factores: Imágenes, Números y finalmente Discusiones sobre la relación entre cambios sociales y acción de gobierno. 
La política utiliza habitualmente las imágenes para transmitir sistemas de creencias particulares sobre cómo se definen los problemas y sus posibles soluciones, una imagen común es, por ejemplo, la del “equilibrio” que no sólo se asocia al equilibrio institucional entre poderes o al equilibrio financiero de las cuentas públicas, sino también a otras muchas políticas, en el tratamiento de la inmigración se busca también una política “equilibrada”, pero lo que para unos es un programa proporcionado a la demanda laboral, para otros es un “coladero” que reclama un freno o una contención como si se tratara de un recipiente… a punto de desbordarse es mi opinión, amigos respeto su comentario.
 La metáfora tiene una gran fuerza para expresar grandes finalidades, pero entraña ambigüedad e imprecisión, cuando se habla en términos de progreso general, pocas veces se discrimina entre categorías de personas o entre contextos diferentes, a menudo partes de la población en un marco general de progreso no consiguen cambiar de categoría, sí una mujer de cierta edad, después de un periodo de diez o quince años de cuidar a sus hijos y familiares, se resigna a no trabajar porque cree que otras mujeres más jóvenes están mejor preparadas o porque tiene pocas probabilidades de encontrar un trabajo formal, dicha persona no se sumará a la tasa de paro y es contabilizada como “inactiva”, aunque su deseo profundo y su derecho es ser ¡activa! 
Este juego del todo y de las partes, la sinécdoque de la retórica, es habitual en política: Se atiende sólo a una parte del problema social mientras las declaraciones públicas o las leyes hacen referencia a la totalidad el problema, así. 
Una ley celebrada como un “paso adelante”, puede ofrecer una imagen de “progreso gradual”, cuando en realidad las reformas que supone son poco significativas frente a la amplitud del problema, pero admitir que muchas políticas sólo pueden tener un impacto marginal en personas, empresas o territorios, es facilitar argumentos de crítica a la oposición y a los medios, lo cual provoca la tentación de la discreción o del silencio en los responsables de dicha política, ¿coincidimos?...
A diferencia de las imágenes, estadísticas y los indicadores cuantitativos que aportarían precisión, credibilidad y autoridad a las afirmaciones y explicaciones sobre la definición de los problemas, el costo de las inversiones públicas y el efecto de dichas intervenciones, en principio no hay ambigüedad cuando se cuentan las cosas: se crean o no se crean nuevas empresas, existen o no existen beneficiarios en un programa de empleo, se practican o no se practican cesáreas a mujeres embarazadas, sin embargo, los números no están exentos de problemas, se dan dificultades para contar los conceptos relevantes y omnipresentes en la discusión pública, cohesión social, igualdad de oportunidades, eficacia y eficiencia públicas, se producen resistencias a admitir dichas cuentas, por buena parte de las personas que se ven ante el espejo e intentan manipular el indicador o medida utilizando para su evaluación. 
¡Está manipulación de imágenes, números y pretendidas relaciones causales no aporta precisamente claridad al proceso político y a la discusión de las políticas, no contribuyen a superar el bajo interés por la política y las actitudes pasivas que predominan entre los ciudadanos! ¡Bendiciones! 
E-MAIL: prof_netza@hotmail.comFACEBOOK: Netza Zambrano Hernandez 

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