Edicion : a martes, 21 de noviembre de 2017 Edicion Archivada

Opinión

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Por : Alejandra Salgado Romero 

La Justicia

Educando con Valores

“La justicia sin la fuerza es irrisoria; la fuerza sin justicia es tiranía”
“Aquel que duda y no investiga, se torna no sólo infeliz, sino también injusto”
Blaise Pascal
 A través de una experiencia en apariencia poco gratificante, durante esta semana he sentido la necesidad de investigar sobre un concepto que cobra un papel protagónico en la actualidad: justicia. Como antecedente, el término ha sido utilizado para hacer referencia tanto a la justicia humana (aquella compuesta por leyes y normas) como también a la justicia divina, refiriéndose a aquella que no podemos medir, pero que se ha estimado toma lugar de manera natural para mantener el equilibrio del mundo. Ahora bien, usualmente, el uso del término es más común para señalar el primer tipo de justicia mencionado, por ser el único que el ser humano puede conocer, controlar y utilizar. Las y los especialistas han descrito a la justicia como el conjunto de leyes, regulaciones y normas que ha creado el ser humano para mantener un orden en la sociedad y asegurar el bienestar común a través del establecimiento de formas de actuar, comportamientos, castigos y sanciones ante delitos, etc. Por ende, la justicia se compone tanto de normas de comportamiento, (que tienen que ver con la vida cotidiana y que es necesario establecer, por ejemplo, quién determinará el precio de un producto, a quién corresponde las funciones de gobierno, cuáles son los mecanismos de participación ciudadana, etc.), como por todas aquellas sanciones y castigos que se establecen para quienes cometan un delito o no respeten las leyes y normas establecidas (por ejemplo al robar, matar, abusar de alguien, etc.). 
El concepto tiene su origen en el término latino iustitia y permite denominar a la virtud cardinal que supone la inclinación a otorgar a cada uno aquello que le pertenece o lo concierne. Puede entenderse a la justicia como lo que debe hacerse de acuerdo a lo razonable, lo equitativo o lo indicado por el derecho. En el ámbito de los valores éticos, se conoce como justicia a la capacidad que posee una persona de guiar sus actos bajos los valores de la verdad y la equidad, tanto para con las y los otros, como para con ella misma. Así también, disciplinas como la Sociología han indicado que la justicia es un valor que se rige por criterios que cambian de acuerdo a distintas culturas, por lo que aquello que en una época o sociedad determinada fue considerado justo, puede que en otro momento y sociedad no lo sea. De esta forma, varía en el tiempo lo que son considerados derechos y oportunidades, según quienes los ejercen. La justicia se divide en varias ramas y áreas que se dedican específicamente a un tipo particular de asuntos, por ejemplo la rama administrativa, la familiar, la penal, la internacional, la civil, la laboral, etc.; cada una de estas ramas establece jurisprudencia sobre diversos problemas o temáticas de la vida en sociedad, con el objetivo tal de asegurar un orden social y mantener el bienestar de la sociedad. En consecuencia, la importancia de la justicia reside en la posibilidad de organizar a la sociedad de manera más o menos objetiva (aunque es verdad que cada región, estado o país organiza su propia justicia). La justicia al ser un conjunto de leyes escritas supone que todos y todas debemos cumplirlas por igual, por lo que no se podrá prestar al debate o a la justicia por mano propia, en la resolución de cada caso particular. También es importante recalcar que se ha concluido que la justicia depende tanto de los valores de una sociedad, como de las creencias individuales de cada persona. 
En general, es posible afirmar que la justicia cuenta con un sustento cultural (de acuerdo al consenso compartido a nivel social sobre qué es lo bueno y qué es lo malo) y una fundamentación formal (que implica una determinada codificación en leyes escritas que son aplicadas por tribunales o jueces). En materia de religión, la justicia es un atributo que pertenece a Dios y que le permite ordenar las cosas de acuerdo a merecimientos; la justicia divina, por lo tanto, está vinculada a las disposiciones de la divinidad para recompensar o castigar a cada persona. 
Las y los especialistas han indicado que en la medida en que una persona practique la justicia como una forma de vida, se convertirá en un ser humano que tome decisiones apegadas a la realidad, al tiempo en que ejercerá los roles que le correspondan; de igual forma, el trato justo y sincero con sus semejantes lo harán ser percibido por su entorno como una persona imparcial, equitativa y honesta, lo que a la larga le traerá también relaciones afectivas y personales de carácter sólido y duradero. Ahora bien, el lado social también puede verse bastante beneficiado en la medida que la mayoría de los miembros de una sociedad practiquen la justicia como valor. En este sentido, algunos (as) expertos (as) en comportamiento humano han determinado que en la medida en que los miembros de una sociedad ejerzan el valor de la justicia, ésta será una comunidad que se caracterice por su comportamiento pacífico, pues según algunos (as) intelectuales e investigadores (as), la base de todo proceso o estado de paz, es la justicia. Por otro lado, el comportamiento justo de sus miembros hará que se tejan redes de cooperación y amistad, basadas en la verdad y la justicia, entre otros muchos más valores, lo que traerá como resultado una comunidad humana que junta trabaje por y para el progreso.
La Psicología afirma que la justicia es una virtud y un valor inherente a la naturaleza del humano e indica que es necesario que sea inculcada y estimulada desde las primeras etapas de la infancia, a fin de formar generaciones que se distingan por su capacidad de actuar apegados a otros valores como la equidad, la honestidad y la verdad, obrando correctamente en todo momento y ante toda circunstancia, así como capaces de tomar decisiones correctas. 
Para ello, padres, madres y docentes debemos trabajar diariamente en practicar la justicia como una forma de vida, pues sólo por medio del ejemplo podremos inculcar este excepcional valor a nuestros niños, niñas y jóvenes.
Por último, y dada mi reciente experiencia, es imperativo ser capaces de ser justos (as), pero también, de exigir sean justos (as) con nosotros (as), apegándonos siempre, con respeto irrestricto, a las normas y procedimientos establecidos, y teniendo en consideración en todo momento, que quien acusa está obligado (a) a demostrar, con pruebas fehacientes, sus aseveraciones.
Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alexaig1701@live.com.mx. 

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