Edicion : a martes, 22 de agosto de 2017 Edicion Archivada

Opinión

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Por : Enrique Vargas Orozco 

Averígüelo Vargas

No hay duda que el PRI enfrentará en el 2018 una elección muy competida, pero también debe reconocerse que tiene la capacidad para hacer las reformas y cambios que le permitan mantenerse en la competencia y hasta mantenerse como uno de los partidos más fuertes para lograr una buena cantidad de triunfos, incluida la presidencia de la República.
El dirigente nacional del partido tricolor, Enrique Ochoa Reza, aseguró que habrán de ganar la mayoría de las posiciones en el Poder Legislativo, consideradas las cámaras de diputados y senadores, además de las 9 gubernaturas que estarán en la competencia, pero especialmente, dijo sentirse seguro de que podrán retener la titularidad del Poder Ejecutivo federal.
La competencia va a ser bastante reñida, aunque por ahora se advierte que seguramente serán tres los candidatos que contenderán por la máxima posición política de la nación.
El primero será el candidato priista, aún sin definir, y que según lo cambios hechos al estatuto, podría ser hasta un candidato externo, si tiene las prendas necesarias para ganar: Otro saldrá de la posible alianza entre PAN y PRD, donde podría imponerse el aspirante que presenten los panistas, porque el PRD o lo que queda de él, está de bajada, con menos fuerza, y finalmente, el candidato de toda la vida, el aferrado Andrés Manuel López Obrador, ya que como dueño del partido que fundó, Morena, no aceptaría de ninguna manera la posibilidad de que surgiera otro aspirante.
Los priistas están conscientes de que deben hacer la mejor oferta posible para ganar la presidencia, por lo que, como señalamos, cambiaron en esta asamblea actual, los estatutos para eliminar el candado de que el candidato deba cumplir con una militancia de 10 años, de modo que un externo puede ser ungido como su abanderado, con el único requisito de que se aprenda y se comprometa a cumplir los estatutos, propuestas y principios del priismo.
El próximo 8 de septiembre de abre el proceso electoral 2017-2018, que tendrá una amplia trascendencia para el país, pues pude representar la continuidad del gobierno actual, para consolidar las reformas estructurales que inició el presidente Enrique Peña Nieto y que tienen la posibilidad de modernizar al país, que estaba estancado en la mitad del siglo pasado, porque nadie se atrevía a tocar temas tabú como el del petróleo y otros más que ya era indispensable mover para avanzar y modernizarse.
No habría mayor cambio si ganara el candidato de la coalición perversa de la supuesta izquierda con la derecha real, porque sus propuestas son muy semejantes a las del gobierno actual.
El mayor riesgo de estancamiento y hasta retroceso podría darse con el candidato más obsesionado por alcanzar el poder, AMLO, porque mantiene posiciones muy atrasadas, que no corresponden con la modernidad de México y el mundo en el que se mueve nuestro país.
Tampoco estaría en posibilidades de hacer cambios de fondo, ya que depende del “Sistema”, pues no hay poder absoluto para nadie, además de que “no hay loco que trague lumbre”, como sería el caso de López Obrador, porque muchos de sus gritos y advertencias, son sólo para llamar la atención y presentarse como el salvador que necesita México.
Si se analiza la situación, debe reconocerse que de todos los participantes es el PRI el que tiene las mayores posibilidades de ganar la contienda, ya que es el que posee la mayor estructura partidista, cuenta con la mayor parte de los gobernadores, con el mayor número de operadores políticos de primer nivel y hasta posiblemente, el que dispone de más recursos económicos, chuecos o derechos, pero que tendrá a su alcance, para logar algo así como repetir la elección del Estado de México, pero ahora a nivel macro.
EN GUERRERO PUEDE COMPLICÁRSE LA SITUACIÓN AL PRIISMO, PERO LOGRARÍA TRIUNFOS DESTACADOS.—Nuestra entidad federativa vive una situación muy delicada, por la nefasta presencia de la violencia que desata la delincuencia organizada y por la baja cantidad de recursos financieros, provocada por los recortes que impone la Secretaría de Hacienda, por los adeudos que dejaron los tres gobiernos anteriores, que suman algo así como 10 mil millones de pesos.
Sin ser culpa del gobierno de Héctor Astudillo Flores, le toca pagar la mayor parte de esas culpas y eso habrá de influir para que los partidos y políticos opositores aprovechen  el mal ambiente que ambos factores han provocado, para responsabilizar de esas deficiencias al mandatario en funciones, aunque la realidad es que alguno de esos partidos, especialmente el PRD, fue el que generó esas mala herencia, en sus tres etapas de gobiernos fallidos, con Zeferino Torreblanca, Ángel Aguirre hasta llegar al peor de los gobernadores del estado, Rogelio Ortega Martínez.
Esa va a ser la tendencia de las campañas de los perredistas, que en esta ocasión seguramente van a caer hasta el tercer lugar de las preferencias ciudadanas.
La primera posición con la mayor cantidad de triunfos la van a disputar el PRI y Morena y la ventaja la obtendrá quien escoja a los mejores candidatos.
En el PRI el abanico se amplía considerablemente, porque fueron retirados los candados que impedían escoger a los candidatos sin ninguna, limitación, ya que ahora pueden ser militantes del partido, con buena imagen y credibilidad, pero también pueden invitar a personajes de la sociedad civil con buena fama y prestigio.
Morena, “el partido de un solo hombre”, Andrés Manuel López Obrador logró en el año 2006 llevarse el carro completo, pues ganó la mayoría delos municipios, menos Chilpancingo, de firme estirpe priista, además de las senadurías y las diputaciones federales, y la mayoría de las diputaciones locales.
Ahora no va a repetir esa situación, porque el priismo está en condiciones de ganar una buena parte de las diputaciones federales y estatales, y hasta recuperar las senadurías, si se hace una correcta selección de la pareja, hombre y mujer o mujer y hombre, que sean postulados.
Si los actuales dirigentes perredistas deciden aliarse con el PAN en el estado, perderían sus mayores posibilidades de triunfo, que de por sí son escasas, porque muchos de sus dirigentes históricos abandonarían ese partido y seguramente emigrarían a Morena, que con eso se fortalecería considerablemente.
Si el perredismo va por su cuenta, mejorarían sus expectativas de alcanzar triunfos importantes, porque lograría unificarse y contar con sus mejores dirigentes, que, la verdad, son muy superiores en fuerza e imagen que los dirigentes actuales, Beatriz Mojica y Celestino Cesáreo, que integran la peor dirigencia que haya tenido el PRD en el estado, en toda su historia.
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